La Oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos (USTR) anunció de manera formal que el gobierno de Estados Unidos no renovará el T-MEC en su formato actual, congelando la extensión automática del pacto por otros 16 años y activando las alarmas en los sectores industriales de México y Canadá.
A pesar de los esfuerzos diplomáticos previos, la administración de Donald Trump optó por una agresiva postura de nacionalismo económico, argumentando que el acuerdo tiene “deficiencias” estructurales que deben corregirse a la brevedad.
Es importante aclarar que la decisión de Washington no significa la muerte inmediata del tratado comercial, ni la salida de EE.UU. El Representante Comercial estadounidense, Jamieson Greer, aclaró en un comunicado de prensa que, si bien la Unión Americana no aceptó firmar la prórroga, el acuerdo permanece vigente.
De acuerdo con las cláusulas de salida y temporalidad pactadas originalmente, el T-MEC tiene una vigencia garantizada por los próximos 10 años, extendiéndose formalmente hasta el año 2036.
Sin embargo, el panorama cambia drásticamente, ya que en lugar de una estabilidad de largo plazo, el bloque de Norteamérica entrará en una dinámica de revisiones anuales. Esto obligará a México, Estados Unidos y Canadá a sentarse a negociar bajo una constante presión política cada 12 meses, lo que genera un clima de fuerte incertidumbre para las inversiones a largo plazo.
¿Por qué Estados Unidos rechazó prorrogar el T-MEC con México y Canadá?
Detrás de la rotunda negativa de la Casa Blanca existen motivos económicos muy claros que la administración estadounidense busca modificar a través de la presión arancelaria o la renegociación forzada:
- Reducción del déficit comercial: Estados Unidos reporta déficits comerciales históricos con sus vecinos, alcanzando una cifra récord en 2025 de 197 mil millones de dólares con México y 48.3 mil millones de dólares con Canadá.
- La sombra de China y el Nearshoring: Washington exige candados mucho más estrictos para evitar que empresas chinas utilicen a México como “trampolín” o vía de acceso libre de aranceles para introducir productos al mercado estadounidense.
- Reglas de origen automotriz: Se busca elevar drásticamente el porcentaje de contenido estrictamente fabricado en suelo estadounidense para los vehículos y autopartes de la región.
- Disputas agrícolas: Existen fuertes tensiones respecto a las cuotas de lácteos con Canadá y las restricciones de México al maíz transgénico, además del reclamo estadounidense sobre el sector frutícola y hortofrutícola.
Ante el complejo panorama, el Secretario de Economía de México, Marcelo Ebrard, salió a dar una postura de calma, señalando que la decisión era un escenario previsto como parte de la estrategia dura de negociación de Donald Trump:
“Estados Unidos no está en una posición de extender el acuerdo por otros 16 años en este momento. Vamos a avanzar bajo la ruta de la revisión anual durante la próxima década. México cuenta con los argumentos necesarios para preservar la relación comercial más importante del mundo”.
El funcionario mexicano destacó que las mesas de diálogo bilaterales han logrado reducir los puntos de conflicto (bajando de 54 temas en disputa en 2025 a solo 14 rubros prioritarios en 2026), por lo que ve viable mantener el flujo comercial sin rupturas catastróficas.
Las cúpulas empresariales de los tres países ya han solicitado formalmente a la Casa Blanca priorizar la certidumbre de los mercados, pues millones de empleos directos en las industrias automotriz, aeroespacial y tecnológica dependen de que las cadenas de suministro integradas sigan operando sin contratiempos.